Mostrando entradas con la etiqueta textos de Sandra Becerril. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta textos de Sandra Becerril. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de febrero de 2010

Voz de tinta

Sandra Becerril, tiene una nueva columna en el suplemento on line "Papel o tijera", de periódico "La piedra".

Aquí pueden leer su artículo.

Y aquí, el suplemento completo.

martes, 19 de enero de 2010

Asfáltica

La revista Asfáltica, en el número especial que trató sobre “El microrrelato hispanoamericano en homenaje a Edmundo Valadés por 70 años de la aparición de El Cuento…”, incluyó TRES textos de Sandra Becerril.

A partir del mes de febrero, la revista se consigue también en la librería “Mascarones” y en el Cubo o Video-ludoteca “Víctor Jara”, ambos ubicados en la Facultad de Filosofía y Letras de CU

martes, 30 de junio de 2009

Risco.

"Historia de Insectos", un cuento inédito de Sandra Becerril, fue publicado en el Diario Risco, en la sección de Cultura, número Marzo-Abril. Pueden leerlo también por internet en el siguiente enlace: http://diariorisco.com/noticias.asp?Id_Noticia=295

"La Lista", también fue publicado en el mismo periódico pero en Febrero. Si quieren leerlo, denle click aquí.

viernes, 10 de abril de 2009

INVITACION!!!

Te paso una noticia para la pag, un abrazo!!!


- Presentación Ediciones Shamra
Café Literario y el museo Anahuacalli tienen el honor de invitarlo a la presentación de Ediciones Shamra en donde se hablará de las antologías que
se han editado a lo largo de tres años.

Presentan:
Sandra Becerril
Sidney García
Quetzalcoatl del Río
Carlos Serrato

Día: Domingo 19 de Abril
hora: 12:00
Lugar: Museo Anahuacalli (Calle Museo 150
San Pablo Tepetlapa
Coyoacán 04620
Tels. y Fax: 5617 4310 y 5617 3797)

Dentro de las actividades de la feria del libro. Carpa café literario.

Venta de libros
ENTRADA LIBRE

viernes, 19 de diciembre de 2008

MiNatura 84

Una vez más, la revista cubana dedicada a lo fantástico, incluyó a Sandra Becerril entre sus autores. Pueden descargar la revista aquí:

http://www.servercronos.net/bloglgc/media/blogs/minatura/pdf/RevistaDigitalmiNatura84.pdf

Revista Digital miNatura 84 Dossier: Asesinos en serie
Director: Ricardo Acevedo E. Dibujo portada: s/t por José Castillo Arias (Colombia)Diseño portada: CRSignes

Sumario:3/ Artículo: Jack el Destripador: Estudio en escarlata6/ Travesía/ Ariadna Arias Martínez6/ Feliz Navidad/ J. E. Álamo6/ El asesino de las bibliotecas/ Sergio Gaut vel Hartman7/ Accidente/ Ricardo Acevedo E.7/ Es absurdo; una victima perpetua, en serie/ Daniel Miñano Valero8/ Un malogrado intento de ser humano/ Sandra Becerril10/ Aún después de muerta/ Rocio de Juan Romero11/ El comprador de alfombras/ C. R. Signes Urrea12/ Asesino en serio/ Gina Hasbún13/ La casa del asesino / Mercedes Pajaron Pajaron14/ Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia/ Néstor R. Jiménez Arias15/ Mauricio/ Ariadna Arias Martínez15/ Hoy toca pesca/ Inma Vega16/ Marcel Petito, El Dr. Muerte/ Estela Bernat. Gañan17/ Articulo: Lo que debemos saber sobre los Asesinos en Serie21/ Para leer más: Plup! / El Enviado

martes, 1 de julio de 2008

Soledad

Soledad

Antes de que la guerra comenzara, solía caminar por las tranquilas calles de mi ciudad, fumando... acostumbraba reunirme con mis amigos en el bar flotante de tía: algunas veces nos invitaba tragos azules de miel. Ahora que lo recuerdo con claridad fue precisamente en aquel ahora destruido lugar donde la conocí: entró sacudiendo su índigo melena, agitada por el viento que soplaba a aquellas madrugadoras horas. Se sentó justo frente a la banda virtual que tocaba rock clásico sobre la pantalla de plasma. La miré fijamente como troll de las montañas. Mi quijada se fue hasta el piso cuando me sonrió. Mi tía me dio un codazo impulsándome a acercarme a tal visión, porque eso era: una visión. Era probable que viniera de un planeta lejano, o al menos de otra galaxia, porque nunca en mi corta vida había visto tal belleza. Después su asiento voló hasta mi lado. Ella hizo como que no me veía, sin embargo yo sabía que de reojo me observaba. Quise hacerme el interesante haciendo bromas estúpidas a mis amigos. Ella reía como si las entendiera también. Le invité una cerveza roja con mucha espuma. Brindamos, encendí su cigarro: las manos me temblaron, no logré controlar mi pulso y la quemé. Meses después bromeábamos acerca de que aquella era la marca de mi amor.

Hace algunas semanas me la arrebataron y ya me parecen siglos. No le veo caso continuar viviendo aquí, sin ella, sin nadie, en este planeta solitario, sin vida, con los bluptones persiguiéndome todo el tiempo. Estoy cansado de esconderme en estas cavernas. Siento que retrocedí en el tiempo... milenios atrás. Desde aquí puedo apreciar los restos de mi ciudad. Tengo hambre, mas no queda ningún vegetal comestible, tendría que volar hasta las ruinas... demasiado peligroso. En el bolsillo de mi pecho guardo aún la cápsula con las cenizas de ella... Cuando la abro, se materializa su holograma frente a mí: sus mejores momentos, no me canso de verlos. En algunos aparezco yo. Tal vez, si me viera en un espejo, hoy no me reconocería...

Sale danzando ante mí en el lago de cristal. Un día donde los cuatro soles nos quemaban la pálida piel y opacaban a las lunas. Su falda de pieles se empapó de lluvia ácida y se deshizo... traía otra debajo y se burló de mí. Entramos a una caverna muy parecida a esta y me contó la historia de la red que servía para pescar los sueños. Mientras hablaba, se mordía las uñas... la red para cazar sueños no era invención suya, sino de un científico loco que la creó para el gobierno. Para tenernos controlados, porque sin nuestros sueños... ¿qué somos? Después de eso la besé. Me besó. Bailamos con el sonido que emergía de las ramas disecadas. Seguramente si yo hubiese muerto en su lugar, en mi cápsula también vendría el mismo día, la misma imagen.

Cierro el diminuto estuche, la guardo cerca de mi corazón. La gente por aquí no creía en el amor, sin embargo yo era de los rebeldes... por los cuales estalló la guerra contra la monarquía. No admito aún la idea de que el amor no exista... Por eso me la arrebataron: aquel día cuando entraron a su casa a desollar a sus compañeros de cuarto, sé que la buscaban a ella. Huimos juntos. Los bluptones nos buscaron tanto que no conformes con destruir la única montaña real que quedaba, arrasaron también con los habitantes, que sin saber la razón encontraron por fin un pretexto para rebelarse. Yo los apoyaba y me sentía apoyado también. Me di cuenta de que algunos humanos aún creían en lo mismo que yo...

Qué equivocado estaba. ¿De que sirvió todo el sacrificio? Han muerto. Si me quedé más solo que antes de conocerla. Ya no hay naves que salgan de aquí, estoy atrapado, solo, muerto en vida...

Espero que algún día alguien reciba mi señal... a través del espacio. ¡Escúchenla!

Abro de nuevo la cápsula, me arropo con las rocas líquidas y vuelvo a soñar...

lunes, 23 de junio de 2008

Caronte

Caronte

I

En el obsceno reflejo en las pupilas del tiempo, tus fauces abiertas predicen el incansable rumor de pasos arrastrando las garras que despedazan los muslos de una lágrima.

En tus colmillos chorrea el veneno enclaustrado en la espalda del ciclón noctámbulo; esconde la pasión de la sangre, la vida en tu cementerio, tu tumba en mis memorias.

2 sílabas son tu condena.
8 años de locura perpetua.
12 besos al infierno perdidos.
225 flamas danzando en mi ruego.
Una sola frase sin el perdón eterno.

Oraciones inmortales infiltradas en tu libertad.
Libertad con grilletes.
Libertad de mañanas.
Libertad en un corazón que se devora a sí mismo escupiendo recuerdos.

Tez fría lunar, con el lago en tu reflejo. Mira ahora esta leyenda y ríe del mito.

II

El olvido cabalga más que tu instante, antes llegará a arrancar tus cabellos de la historia.

Original el pecado de tu vida, lengua de fuego, tentáculos moribundos, pestañas rotas, dermis de vidrio, maldiciones hasta sangrar y de aquel sombrío líquido brote la vida sobre tu cruz.

Surca más que tu noche Caronte, cabalgando sobre lágrimas pisoteadas de fe.

Jinete bufón de recuerdos ríes sin tu boca partida en dos, enterrada, abandoné a la mañana tu cabeza decapitada.

Complacido con mi derrota, mira ahora ciego de 7 ojos. Escapas a acribillar los cuerpos que amaron tu sacrílega carne.

Tu espada entierra en huesos desvencijados, duendescas sonrisas diabólicas. El dios te mira con sangre en sus versos jurando venganza. La luna de Plutón, un barquero y un simple mortal llevan tu nombre...

Condena pura en tu descendencia, hacia tus brazos, secuestro, llanto, ira, muero tus ataduras, fallece tu corcel, entramos al árbol de la muerte.

III

Envidiaste al mundo y decidiste poblarlo. Ahora tú, personaje, agoniza en la esperanza de que uno de mis cuentos te vuelva a abrazar. No. Ya no existe ese lado infernal. Regresa monstruo a tu limbo, tu cueva ha de ser bien recibida en tus tinieblas.

Dueño de lavas, hijo del trono maldito. Tus fauces gimen el fracaso de mil almas. El portón rechina, abre, sal a desintegrarte en mi día.

Caronte, Caronte, imploro muriendo de fe tenerte a mi lado. ¿Es acaso tu insomnio que no me deja soñarte?

¡Purifica mis lenguas!
Azota el pecado con tus látigos de alacrán.

Escalo tu espalda como miles de hormigas con hielo en sus patas. Deshaz este infierno. Mis salmos huelen al eco de tu sombra en medio de mi frágil cuerpo humano.

Tus ojos juegan que sueñan a mí. Condenada por no cerrarme a tu aliento. Corrompes mis besos con tus lunas.

No estás.
Tan lejos.

Tu azufre me enreda, confina, me turba, sabe a... a... a... a mí.

sábado, 7 de junio de 2008

Economía

Amo mis libros. Los he amado desde el primer día que aprendí a leer y los amaré siempre. Hace una semana, a mis papás se les metió la loca idea de que habría que vender mis tesoros, pues todo está muy caro, el sueldo de papá ya no alcanza, la escuela de Carlitos es muy exclusiva, la gasolina subió de precio, ya no es tan sencillo colgarnos de la luz de los buenos vecinos, la carne cada vez es más y más cara, no alcanza para comer.

No quise entender hasta anteayer, cuando las tripas me rugieron de hambre. Miré mis libros con melancolía y oí a mis papás quejarse de nuevo. Se me llenaron los ojos de lágrimas. No me arrepiento. La carne de Carlitos es blandita y mientras mis papás estén en el refrigerador, su carne durará al menos hasta que la abuela venga de visita…

*Texto publicado en la antología internacional: Grageas, 100 cuentos breves de todo el mundo.

domingo, 6 de abril de 2008

Mi fantasía puede más que tu realidad.

Mi fantasía puede más que tu realidad


Los sueños que son vividos más que tu andar muriendo, respiran más aire que tu caminar. Te miro desde el fondo de mi soledad, encogida en medio de pensamientos, recuerdos, fantasmas, calderos, sonrisas y llantos incoherentes. Te miro y tus ojos son tan ciegos que se detienen sólo a ver lo que comprendes. Lo que va más allá, lo que importa, no lo contemplas. No puedes. El miedo atrapa tu cerebro, lo licua y te lo devuelve hecho lo que siempre has querido y lo más odiado: ser común y corriente. Que tu voz no se escuche más allá de mis latidos, que se esfume tu sabor de mi lengua, que tu palabras no lleguen donde tus oídos no puedan oír. La vergüenza de ser lo que soy te invade y te cobijas en un futuro predecible, aburrido, sin vida. Mi vida, mi vida ya no es tuya. Pertenece a un andar incierto, es de la noche, de los días sin sol, de los sueños, de la imaginación que me domina, de las perversiones de las fantasías más hondas, más secretas, más antiguas. Soy de las cavernas que no se han descubierto, de los planetas que nos miran carcajeándose de nosotros, de estas palabras que hablan más que tú, de los latidos de mi corazón que ya no viaja a mi estómago cuando te leo; soy de los espíritus más profanos, de los suspiros que besan, de los ithagos, de un pasado, de las brujas, de un asesino serial.

Soy de cualquiera que no exista. Por lo tanto no soy tuya. Porque eres el ser más tangible que mis pálidos dedos han tocado. Tu mente está tan aferrada a la realidad que me es imposible comprenderla.

Mi realidad puede más que tus pobres sueños. ¿Para que soñar si el sueño será mediocre? Mejor esperar sentado a que algún astro se apiade de ti. Mi realidad atestada de seres oníricos me lleva de la mano lejos de ti. Contaminas el aire sabor a color violeta que me rodea. Lo llenas de lógicas absurdas, de razones humanas, de porqués de todo. Mi luna tiene más música, la más bella… aquella que produce mi lápiz al hacer el amor con la hoja de papel. Esa sinfonía que puedes leer y que además te lleva más allá. Te escapas con ella. Yo me escapé hace mucho y no pienso regresar. No importan tus razones, no las comprendo, ni quiero hacerlo. No pienso regresar porque tu mundo me aburre, me saca de quicio… yo necesito pasión, calles adoquinadas de futuros porque los recuerdos sólo estorban para caminar. Y las tuyas están llenas de pasados aferradas a un terror a andar.

Dejemos que se queden ahí y si quieres subir a mi más allá conmigo, hazlo.

Mi pluma está extendida… no la deshojes más.

martes, 1 de abril de 2008

Johnny's love

Johnny’s Love

Esta es la historia de Johnny.

Johnny Webster.

Es un capítulo de la vida de Johnny y su novia, la bella, tierna, talentosa, adorable y a la moda Barbie.

Johnny y Barbie tienen un amorío desde hace cuatro décadas. No se han casado ni piensan hacerlo (¡Cuatro décadas! Piensan las solteronas) Pues así es. Tampoco se irán a vivir juntos porque eso ya pasó de moda; ya no es nice ni cool. Probablemente emprendieron uno o dos viajes juntos a Plutón, al planeta más frío del sistema solar. Se calentaron tomándose de las manos y soplándose mutuamente su oxidado vaho en el rostro congelado. Si quedaba algo de tiempo después de ir de compras, se besaban en la frente… o en la boca (¡Ohhh!) No es para asustarse pues hace mucho tiempo los humanos se besaban en la boca, en la frente, en el cuello, más abajo ¡en todas partes! Sé que suena abominable pero así demostraban su afecto. Y más las mujeres ¡Oh las delicadas féminas! Incluso se dice en la historia antigua, que solían escribir poemas ¡Exacto! Poemas no de cualquier clase: Poemas cursis, con palabras entrelazadas que formaban metáforas para llorar al ser que se había ido o para endulzar el oído de la pareja.

Si esas personas hubiesen sido tan prácticas como lo somos ahora, probablemente nuestra civilización fuera más avanzada que la de nuestros contrincantes los odiados bluptoniathos (El odio es personal) Ellos sí que saben lo que es la modernidad, en cambio nosotros nos quedamos en la era de la cera. Es increíble que estando en pleno siglo XCV
aun petrifiquemos a nuestros muertos. Sé que mi madre se ve exquisita (más que en vida) mientras está fosilizada en mi jardín. Aun conserva su mítica sonrisa y sus cabellos negros como antaño, pero es desesperante tener que llevarla a retoque cada dos años, pues el barniz se derrite con el sol y cada arreglo es una amenaza para mi economía.

El barniz que le inyectan a los cuerpos de las mujeres es de pésima calidad por lo que he decidido que para el próximo verano sacaré a mi padre del closet, le colocaré el traje aquel que le gustaba tanto y lo sentaré junto a mi abuela como si estuvieran conversando. El vecino hizo lo mismo con su hermano y se ve muy bien. Pensándolo bien, probablemente sacaré a toda la familia en invierno, a lo mejor hasta los disfrazo de angelitos… (La ropa se vende por separado)

Regresando al tema de Johnny y Barbie (no entiendo en que punto me desvié tanto) les comentaba que se besaron (tapen los oídos o los tres ojos a sus pequeños hijos para que no lean esto) se tomaron las manos enfrente de los ancianos y lo que es peor aún: Barbie, en medio de las compras de carne de niño y de los huevos artificiales de tortuga, le susurró a Johnny en el oído “Te quiero” ¡Así es! ¡Te quiero! Alguien me comentó que al robot de mostrador se le zafó el tornillo que conecta con su central por lo que se quemó; el anciano que volaba junto a ellos en su silla de anillos galáctica, perdió el control y se fue a estrellar contra un muro de criptonita; incluso un perro que sacó a pasear a su ama y escuchó la asquerosa frase, soltó la correa y la señora salió corriendo y ladrando hasta que el guardián de la paz la atrapó y le dio con un dardo sedante en la cabeza sacándole un ojo de vidrio que el perro le había puesto de adorno. Todo aquello fue instantáneo. A Johnny se le salieron las enormes gotas de sudor de plomo por todos los poros de su piel, agitó la cabeza nerviosamente y volteó a ver a Barbie, quien a su vez lo veía con ojos de cachorro afuera de una panadería de bisquets de calcio. ¡Se imaginan ustedes aquella escena!: Barbie por su lado, babeando por un extremo de la boca, mirándolo como estúpida y Johnny con los ojos desorbitados, observando como los labios de su novia (podrían ser free, pero eso también ya pasó de moda)se acercaban a sus oídos pronunciando la fatal frase.

Sólo le quedaba una cosa por hacer: Johnny sacó el garfio para emergencias de su saco confeccionado con la más cara y fina piel de rata callejera y se lo enterró en la encía (la de Barbie por supuesto). Los circuitos de su novia se desconectaron de inmediato pero como si no fuera suficiente, su aceite brotó por las comisuras de sus labios, por sus párpados, por la nariz y las puntiagudas orejas. Ese horrible, viscoso y rojo aceite que salpicó todas las tiendas virtuales que se hallaban alrededor.

Johnny fue condenado por haber provocado el amor. Aquel día lo conectaron a la máquina de barniz aun vivo y el líquido hirviendo llenó sus arterias, brotó de su cuerpo y se convirtió en un hermoso muñeco que ahora tengo adornando mi sala. Lo compré ayer en una subasta; no sabía si elegirlo a él o a la única copia que queda de un cd pirata. Me decidí por Johnny al escuchar su enternecedora historia. A Barbie la adquirí hoy por un módico precio. Los coloqué abrazados en posición de sillas. Hacen un bonito juego con la sala que mi padre me heredó, pero esa es otra historia…

Copyright© 2006, Sandra Becerril Robledo, todos los derechos reservados.
Cuento incluido en el especial de CF de la revista del mismo nombre (España, 2006.)

domingo, 23 de marzo de 2008

Cadáver

Escucho la lluvia llorar estrellándose en mi ventana y a mis venas latir y quejarse por el flujo de odio que las contamina. Mis ojos hablan con la verdad que implica que mi espejo sangre mi imagen, que mis manos tiemblen ante este frío que las acompaña desde que nacieron como maldición aferrado a mis articulaciones que se rompen sin cesar frente a los ecos del pasado que no dejan vivir a un futuro que ruega lo respeten, lo dejen ser libre. Pero no puede, no pude ser libre. No debe de ser libre. No tiene el permiso de mis pulmones, ni estos tienen el aire que necesitan para vivir más que yo. Y miro las voces fluir de las bocas huecas y sin sentido que rodean estas letras que no existen sin existir por ti. Y espero un rastro de ingenuidad en tus sonrisas que lloran más que las carcajadas que da la vida frente a nosotros.La ciudad se infecta como un gran cuerpo enfermo que está a punto de morir y nosotros, el virus, se expande devorando sus entrañas de acero. Mis dientes rechinan como sus carreteras con los peces de hierro que las ensucian, como las nubes que estrían el cielo manchándolo de terrible felicidad. Me encierro en un libro, me cobijo con sus páginas, vivo en él para que nadie observe mi vivir. Y siento un escalofrío que juega con mi espalda molestándola como montaña rusa. Y mis pensamientos juegan en mi cabeza como parque de diversiones, enfermizo. Me cosquillea la oreja cuando hablas de mi a la distancia, lo sé porque lo sé, porque lo siento, porque así debe de ser aunque no sea en realidad. Y escucho los molestos latidos que me rodean, como bombas tratando de que la vida llegue a su flujo sanguíneo, de que sus cabezas sean capaces de aludir este grito que se hunde en las marañas del presente. Y pienso y pienso y pienso. Y muero y muero y muero. Y cada vez que muero renazco convertida en mí. En este ser. En lo que soy. Lo que soy… soy estas letras que se suicidan cortándose la tinta con adjetivos mal usados, soy uno más en el nido de peces de acero que ruedan por las venas de la ciudad, soy un virus más que carcome los intestinos de este ser sangrante. Mucha sangre, mis manos entintadas con este líquido maloliente, de costra, palpita en él la venganza de un andar que no debió existir cerca de mi. Porque soy la tentación de un asesinato. Soy un cadáver más en este ataúd, en esa fosa común que ya es mía, mi hogar. Y desde aquí, mientras veo como los gusanos pican y escogen esta carne que me envolvió como regalo desde que nací, respiro el polvo que cubre la madera de este huevo que los vivos me asignaron como mi lecho eterno. Escucho las pisadas de ellos sobre mi, colocando estúpidas flores para recordarme, una lápida con un epitafio que dice mi nombre, quienes me recuerdan, fechas, fechas, fechas que odio, que no importan, que sufren conmigo, que me acompañan en una eternidad de latidos incesantes que no han de acabar nunca. Y oigo como se van… me dejan… me abandonan, derraman unas lágrimas sobre la lápida y huyen a seguir viviendo. Porque dicen que la vida sigue. Los he escuchado decir esta estúpida frase tantas veces que la sé de memoria y mi memoria recuerda cuando yo la decía también y reía y sí, la vida siguió y sigue aquí debajo, aunque más abajo de mi no hay nada más que rocas, polvo y más insectos ansiosos de carne fresca, de ojos, de lenguas que empaparon el sudor de otros cuerpos que también han de ser devorados sin piedad por los mismos insectos.Y mientras un gusano termina de comer mi dedo meñique, abro los ojos, las cuencas disponibles que no tienen ya nada dentro. Y los espero, sonrío, porque tú también has de llegar hasta este punto, todos estarán aquí y entonces veremos que vida puede más y que vida es la que continúa viviendo.



Copyright© 2007, Sandra Becerril Robledo, todos los derechos reservados. Cuento con mención honorífica del concurso internacional de terror psicológico "Espejo Roto" (España). Incluido en antología con el mismo nombre, editada por Editorial Jirones de Azul (España, 2007)

miércoles, 12 de marzo de 2008

Puedo escribir que ya no te quiero.

Porque ya no te quiero, aunque tal vez un poco.
Podría decir que no recuerdo tus ojos, eternos,
O que tus cejas ya no embrujan estas noches
Donde ronda la luna esperando ver amor en mi ventana.
Eso sería todo, es cierto. Por siempre.
Tu voz hablará no de mi, tus manos,
Tu piel, tus piernas, tus labios.
Pude pensar que ya no te busco
Que tu olvido piensa que ya no me quiere.
Tu alma llora de tanto haber perdido.
Lo perdí en medio de versos y besos infinitos
Lo buscan en dolor, ciego, alado y herido.
En ti un beso enlutado,
Sabor a infierno, a pecado
De esos que duelen, que de tanto doler se olvidan.
Yo te olvidé, aunque no sea cierto.
Escuchas sordo, palabras afónicas
Aunque respondes en este último grito.
Estoy en ti, de ti no huyo
Apenas quedan grillos sonando
Gotas temblando entre Rocío.
Pero en ti miento, por ti viviendo
Respiro silenciosas luchas, huye
De mi, de palabras, de besos que buscan tu oído.
Y es cierto, ya no te quiero. Aunque tal vez un poco.
Y un poco guarde tu olvido. Un poco.
Mucho de esta noche pude haberte tenido.
Este cuerpo perdido será de otro. Aquel que escribo.
Antes de ti. Mis brazos. Tu viento.
Y ya no me quieres. Pero cómo quisiste.
Un adiós a lo lejos. Terrible y corto.
Sin perdón que olvide, entre sus brazos piedad.
Que sean de otros.
A nosotros no nos queda más que dolor.

lunes, 4 de febrero de 2008

La hoja en blanco

La hoja en blanco. El temido papel sin nada escrito en él. Mirándome, aguardando un derroche de imaginación que llene su espacio con pequeñas letrillas negras. La nada reflejada en un simple trozo de papel tamaño 8x10 pulgadas. La oportunidad de manifestar en él mis fantasías, mis mundos, mis personajes, mi frustración, mi amor… La encrucijada de la primera palabra, del primer párrafo que ha de formar una historia.


La página me ve sin parpadear. Me observa fijamente, no pierde detalle de mi confusión de ideas, ni siquiera pestañea ante la grandiosa posibilidad de formar parte de la historia o del bote de basura. No se mueve, esta quieta, atenta, simpática incluso. Yo la veo también. La hoja en blanco impone más que yo (eso es humillante). Una simple hojita que guarda enormes posibilidades en ella. Un suspiro que me acompaña a través de la ventana me indica que talvez, por esta ocasión se trate de un poema “un poema no es original” piensa la hoja desdichada. Estoy de acuerdo con ella, talvez no un poema. El silencio proveniente de la calle en este pleno amanecer en conjunto con el grito de una mujer al fondo del callejón dice que tal vez, esta vez, sea una novela

− ¿De suspenso? ¿En serio? ¡Sé más creativo!− me exige.

Me esforzaré más. ¡Lo tengo! Miro en el techo mi póster de El señor de los anillos y me imagino un mundo, sí, un mundo mágico y fantástico con extraños seres y tierras extraordinarias: un cuento.

− ¡No por favor! ¿Cuántas veces lo has intentado? Sólo serías una mala copia de ese libro que admiras −me reprime y agrega −no seas mediocre

Tiene toda la razón. ¿Un ensayo? Probablemente. Protesta también y hasta tiene el descaro de recomendarme que escriba un guión: − ¡Eso es! un guión cinematográfico de Hollywood que venda mucho…

Ni poema, ni novela, ni cuento, ni ensayo. Esta hoja me exige demasiado. Es muy ambiciosa para ser de un papel tan corriente. No me gusta que me vea así. Lo sigue haciendo ¡La desgraciada se cree superior! Es molesta, me revuelve el estómago con su frágil textura.

−Bien, así que no te gusta lo que escribo ¿Verdad? Y tú que me engañaste con tu risita hipócrita −le pregunto desafiándola y sacudiéndola −muy bien, espero que esto si te guste.

Entonces la tomo y la arrugo con odio entre mis pálidas manos aventándola por la ventana, lejos, tan lejos que cae en un charco de lodo después de ser apachurrada por las llantas de un automóvil. Saco otra hoja en blanco del paquete y la aplasto contra la ventana para que vea de lo que soy capaz. Una vez que el papel tiembla de miedo en mis manos, comienzo a escribir…

Copyright© 2005, Sandra Becerril Robledo, todos los derechos reservados.
Cuento incluido en antología "Antes que las letras se conviertan en arañas", finalista del catálogo de publicaciones (México, 2006), texto incluido en revista electrónica Letralia (Venezuela, 2007), Sonitus Noctis (México, 2005). Este cuento es uno de los más reconocidos de Sandra Becerril, siendo objeto de lecturas en diferentes talleres literarios. Además, fue llevado al cine en un cortometraje animado producido por alumnos de "Eunoia" (2005)

jueves, 31 de enero de 2008

Noche de amor

La había visto a la luz del sol y de inmediato se enamoró de ella. No contaba con que a la luz de la luna, se convertiría en hombre lobo...

Sandra Becerril